septiembre 21, 2011

'Hasta que te duela' - Capítulo 30

La semana de María, definitivamente, no había sido la mejor. Mauricio la había evitado todo ese tiempo, desde el miércoles: lo llamaba y era afortunada si le respondía y le dedicaba cinco palabras: ‘Hola, Mery. Después te llamo.’ Estaba confundida y perdida, con justa razón. ¿A dónde había quedado el Mauricio que un día antes de que todo comenzara, le juraba amor, cuidado, protección, le demostraba interés? Se había vuelto dependiente, y no iba a permitir que esa incertidumbre de no saber las cosas, la carcoma sin sentido. Iba a buscar una respuesta. En realidad, a encontrar una solución.
En la tarde de ese sábado, un día nublado y frío, con algunas nubes negras que amenazaban con la oscuridad pronta y el agua fuerte, María bajó de un taxi frente al edificio en el que vivía Mauricio. Sonreía de la felicidad parada sobre la vereda, mirando a la puerta de entrada mientras el viento remolineaba su pelo: estaba decidida a pasar el día con él, recuperar el poco tiempo que perdieron y que la noche traiga con ella lo que quisiera. Exhaló y había dado apenas dos pasos cuando Mauricio salió por aquella puerta, revisando sus bolsillos, sacando finalmente las llaves de su auto. Cuando levantó la vista, no esperaba verla parada allí, con una sonrisa, y María tampoco esperaba esa cara de espanto al verla.

septiembre 17, 2011

'Hasta que te duela' - Capítulo 29

Miércoles. El día al que muchos ven como el más cercano al fin de semana. Es probable que lo sea, los lunes y martes suelen ser eternos.
Temprano ese día, se decidió a ir a hablar con él, a aclarar todo de una buena vez y que no haya lugar a dudas ni reclamos posibles de ninguna de las partes. Sentía la necesidad de cerrar esa ¿historia? que, sentía, nunca debió haber comenzado.
Él, por otro lado, se despertó con pocas ganas de todo. Ya se veía venir un mal comienzo de día… y así fue. A alrededor de las 10 de la mañana, alguien llamó a la puerta de su oficina. ‘Adelante’, dijo ingenuo sin levantar la mirada.
-Permiso… - su voz le sonó lo suficientemente familiar como para amargarse y mirarla sin ganas – Puedo venir en otro momento…
-No, está bien, – dejó el bolígrafo sobre el escritorio – ya estás acá. – Se apoyó sobre el respaldo – Te escucho…
-Emmh…- caminó hacia él - ¿Puedo? – preguntó señalando la silla frente a su escritorio. Él asintió sin tener otra alternativa. – Mirá, Vico… me quedé muy mal ayer, porque… no era mi intención que me veas, o verte, o… o
-Dejame que te ayude… - ella mantuvo la mirada, triste y apagada, en la de él. Ya no encontraba en sus ojos ni un poco de lo lindo que alguna vez halló cuando la miraba, ya no se sentía querida, ni buscada, solo abandonada por él. Victorio exhaló – Lo que vos querés decir es que no lo besaste a propósito para que yo lo vea, ni nada de lo que hacés es para lastimarme… y te creo. En ningún momento pensé que podrías llegar a hacerlo a propósito, Mery. Por mi parte, te libero de todo cargo de conciencia… ¿Algo más? – María lo miró desconcertada, y dejó escapar una risita insulsa
-¿Cargo de conciencia? ¿Qué personaje te comiste, Victorio? – sonaba enojada. – ¿Encima me hablás así? Yo vengo intentando arreglar las cosas, para que no haya problemas, ¿y vos? Te hacés el superado…
-Nono, esperá un segundo.
-¡No espero nada! – se puso de pie bruscamente. – No sé qué esperaba sacar con venir a hablar con vos. – Volteó para encarar hacia la puerta e irse, pero Victorio se apuró a ponerse de pie e ir hasta ella para sujetarla del brazo y detenerla

septiembre 13, 2011

'Hasta que te duela' - Capítulo 28

Había pasado un mes de aquella vez que Victorio interrogó a Pablo y obtuvo esa respuesta que no era la que, en principio, se esperaba. Muchas habían cambiado desde entonces…
Victorio y María ya no tenían historia que contar. Nunca la habían tenido. Solo una noche era parte de ellos, y por el momento, parecía haber quedado en la anécdota de una noche más.
María parecía estar bien con Mauricio. Se los veía, gran parte del tiempo, juntos en la empresa, y a pesar de eso, no se habían vuelto a cruzar con Victorio. Justamente, en ese instante, María estaba besándose con Mauricio en la oficina de éste, entre risas y comentarios sin sentido, como dos enamorados…
Victorio- (entrando sin golpear, cabizbajo hasta cerrar la puerta) Permiso... Disculpa que (levantó la mirada, encontrando la de María, quien se había separado de Mauricio) te… te… (mirando a los papeles que traía en mano) te... moleste. Pensé que estabas… solo, no sé.
Mauricio- No, no estoy… pero, bueno… decime, ¿qué necesitás?
María- Si es necesario me voy, total-
Mauricio- No, no hace falta… Digo, (mirando a Victorio, tomando a María de la mano) no te molesta, ¿no? (Victorio fijó la mirada en sus manos) ¿Victorio?
Victorio- (reaccionando) No, no… no me importa, que se quede si quiere… yo solo vine a darte estos papeles.
Mauricio- (estirándose para tomarlos, sonriendo) ¿Perdiste importancia? (María lo miró)

septiembre 04, 2011

'Hasta que te duela' - Capítulo 27

Victorio y María ya se encontraban fuera del edificio. No habían cruzado palabra alguna mientras bajaban en el ascensor.
María- Bueno, cuidate (comenzó a alejarse de Victorio)
Victorio- ¿Qué? No… Te voy a llevar.
María- (lanzando una sonrisa irónica) ¿De verdad pensas que me voy a ir con vos? Victorio, a ver… No podemos estar dos segundos sin pelear, y la verdad que fue una muy linda noche como para que (interrumpiéndose al ver la expresión en el rostro de él)… quiero decir que
Victorio- Entendí perfectamente. No te preocupes… Anda entonces…
María amagó a saludarlo pero no vio intenciones por parte de él de recibirlo de buena manera, por lo que se dio media vuelta y caminó en sentido opuesto. Victorio se quedó con la vista baja, y luego la alzó solo para ver cómo salía de su vida. No planeaba seguirla ni rogarle que se quede, pero todo cambió cuando vio que una persona de sexo masculino cruzaba la calle, con la intención de acercarse a María. Lo observó detenidamente, y aceleró sus pasos para alcanzarla.
X- Hola, hermosa (parándose frente a ella)
María- (intentando esquivarlo) Permiso
X- No, (bloqueándole el paso con un brazo extendido) no te puedo dejar ir.
Victorio- Yo que vos la dejo