En la sala de espera, Victorio y Rocío estaban sentados uno alejado del otro. No había nadie más allí.
Rocío- Qué loco todo esto, ¿no?
Victorio- (mirándola) ¿Qué cosa?
Rocío- Esto de estar acá… Quién iba a pensar que siendo tan chiquito, Stéfano iba a estar en un hospital.
Victorio- Ah… (Mirando al piso) Sí, él se la buscó.
Rocío- No seas tan insensible… Se lo buscó, pero… no esperaba terminar así.
Victorio- Seguro no, pero sabía que Pablo no lo dejaba salir, justamente temiendo esto.
Rocío- Bueno, igual… convengamos que Pablo como hermano deja mucho que desear, ¿no?
Victorio- (levantando la cabeza inmediatamente para mirarla) ¿Qué querés decir?
Rocío- Eso… él no lo cuidó.
Victorio- Para eso estás vos.
Rocío- No tendría que existir una niñera. Tiene 15 años.
Victorio- Pero existe, y ya ves por qué… Aunque era lo mismo si no estabas. No servís ni para cuidarlo.
Rocío- Primero, no puedo estarle encima. Es ahogarlo… Y segundo, él no sería así si Pablo hiciera uso de su rol como hermano. Y no lo hace.
Victorio- (asintiendo) Mirá, Rocío... No sé quién te dio el derecho de decir tantas boludeces juntas, pero quiero dejarte una cosa en claro… Vos no sabés nada. No sabés la historia detrás de esto, no sabés todo lo que pasó Pablo, ni lo que pasó Stéfano… No tenés idea. Así que ahorrate los comentarios estúpidos.
Rocío- No me faltes el respeto.
Victorio- No lo faltes vos tampoco. Estás hablando sin conocimiento de causa… y yo no lo voy a permitir.
Rocío- Contame, entonces. ¿Cómo fueron las cosas? Porque no creo que Stéfano sea cien por ciento responsable de todo, ¿no?
Victorio- (sonriendo irónico) No, no lo es… Pero yo tampoco soy el indicado para contarte nada. No tengo derecho a hacerlo, ni vos de opinar.
Victorio bajó la mirada inmediatamente, le había hablado con cierta frialdad y molestia. Rocío quedó mirándolo, algo confundida por lo que le había dicho.