Rocío subió las escaleras, y tras golpear la puerta del cuarto de Stéfano, la abrió, pero se detuvo y apoyó sobre el marco de la misma.
Stéfano- (mientras preparaba un pequeño bolso) ¿Estás esperando que te salgan raíces?
Rocío- (sonriendo irónica) Sí, sería genial. Imaginate que me salgan raíces justo acá… Te vigilaría todo el día.
Stéfano- Mejor andate… No creo en esas cosas, pero vos sos ave de mal agüero, así que… por las dudas, evitame disgustos.
Rocío- ¿A qué hora volvés mañana?
Stéfano- A la misma hora que se supone que el tren ‘no te metas donde no te importa’, sale de la estación.
Rocío- ¿Tan temprano?
Stéfano- ¿Qué querés?
Rocío- Quiero saber a qué hora volvés, nada más
Stéfano- A las 12, por ahí. ¿Satisfecha? Te podés ir.
Rocío- ¿A lo de cuál amigo vas?
Stéfano- (tomándose el rostro) Uh, flaca. A ver, me voy en un rato a lo de Ezequiel. Vamos a cenar milanesas con fritas, hacemos el trabajo, dormimos, desayunamos,
Rocío- Ok, ‘ta, ‘ta… está bien. Pasala bien.
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