Pablo, ya en su despacho, el lugar en el que pasaba la mayor parte del tiempo cuando estaba en casa, se dejó caer sobre su silla para luego de haber apoyado los codos sobre el escritorio, tomarse la cabeza entre las manos, y pensar, pensar, y pensar. El mismo sentimiento de culpa y el mismo dolor habían resurgido en su pecho. Era un hecho, y lo tenía asumido: no podía mantener una conversación con su hermano sin perder la calma, la paciencia. Le terminaba ganando esa frialdad que era parte de él. Esa que se había consolidado en esos tres años en el que le faltó amor, contención, y todo lo que había necesitado. Esa con la que había convivido, contra la que no podía, ni sabía como luchar. En realidad… Nunca lo había intentado…
-
En su habitación, y tras haber entrado dando un portazo con todas sus fuerzas, y habiendo atravesado un momento de furia, pateando todo cuanto encontró en su camino, Stéfano encendió su equipo de audio, poniendo la música a todo lo que le permitía, y se concentró únicamente en sentarse a los pies de la cama, para jugar en la Play Station , su juego de FIFA y el club europeo de sus pasiones, con el que había salido campeón reiteradas veces… el Inter. El juego y la música habían logrado consumir y dispersar aquellas energías negativas, aquellos pensamientos y malos deseos, por lo que se dispuso a bajar los decibeles bajándole el volumen al equipo. Pausó el juego, y al girar su cabeza para tomar el control remoto con el que manejaba el aparato, se encontró con la mirada atenta de Rocío sobre él. Stéfano revoleó la mirada, y apagó el equipo súbitamente.
Stéfano- (exhaló pasando su mano por sobre su rostro) Uy, flaca, otra vez… ¿Qué querés ahora? ¿Nadie te enseñó a golpear? ¿A preguntar si se puede o no pasar? O sea, mirá, yo no se si te diste cuenta que es tu primer día acá, y conmigo, ya empezaste con el pie izquierdo. Me imagino que tendrás pensado algo con qué remediar esto, porque Pablo te lo dijo bien… No soy fácil, soy muy difícil (Rocío solo lo miraba) ¿No vas a decir nada?
Stéfano- (exhaló pasando su mano por sobre su rostro) Uy, flaca, otra vez… ¿Qué querés ahora? ¿Nadie te enseñó a golpear? ¿A preguntar si se puede o no pasar? O sea, mirá, yo no se si te diste cuenta que es tu primer día acá, y conmigo, ya empezaste con el pie izquierdo. Me imagino que tendrás pensado algo con qué remediar esto, porque Pablo te lo dijo bien… No soy fácil, soy muy difícil (Rocío solo lo miraba) ¿No vas a decir nada?
Rocío- ¿Terminaste? (Stéfano asintió) Mirá, Stéfano… Yo no estoy acá para amargarte la existencia, ni para nublar tus días soleados, ni
Stéfano- Agh, evitá las frasesitas cursis conmigo
Rocío- (exhalando levemente, bajó la mirada asintiendo, y volvió a mirarlo) Lo que quiero decir, lo que quiero que te quede claro, es que yo no estoy acá para arruinarte la vida… De verdad, yo quiero hacer mi trabajo, y creo que va a ser más llevadero para los dos, si nos las hacemos fácil mutuamente… Que sea un ida y vuelta de favores… ¿Qué me decís?
Stéfano- Que podrías comprarme con cualquier cosa, pero ese discurso barato a mí, no me va
Rocío- Stéfano, te hablo en serio. Para mí, no tenés por qué ser así, vos
Stéfano- PRIMERO, no sabés cómo soy, y segundo, no sabés por qué soy así
Rocío- ¿Y si me contás?
Stéfano- (sarcástico) ¿Y si te las tomás? Dale, gracias
Stéfano, sin siquiera esperar respuesta, giró su cuerpo para quedar posicionado frente al juego. Rocío mantuvo la mirada sobre él por breves momentos, para luego, resignarse y dirigirse hacia la puerta que daba al pasillo.
Antes de salir, y tras abrir la puerta, dedicó su última mirada, y no vanas palabras.
Rocío- Cuando quieras, cuando lo necesites y realmente estés bien con vos para decirlo… Voy a estar ahí para escucharte. Podés confiar en mí (salió)
Stéfano siguió su juego, como si nada hubiera oído; pero al pasar los minutos, algo iba haciendo ruido en su mente, en su pensamiento. Tal vez ella era la persona con la que había deseado encontrarse; tal vez ella era la persona en la que debía depositar su confianza… Tal vez y solo tal vez si pudiera vencer el miedo a que lo defrauden, a que lo dejen solo. Tal vez... En su mente no había más que un vago e insignificante ‘tal vez’…
-
Rocío bajó las escaleras, y se dirigía a su habitación cuando del despacho, inesperadamente, salió Pablo tomándola del brazo al pasar.
Pablo- Rocío
Rocío- (boquiabierta, sorprendida) ¿Si?
Pablo- (soltándola) Perdón que la agarré así, no quise ser… irrespetuoso
Rocío- (mostrando una sonrisa) No te preocupes (cerró los ojos) No SE preocupe
Pablo- (mirándola, cediendo apenas al paso de algo que se asimilaba a una sonrisa) Está bien, ¿qué… qué pasó con Stéfano?
Rocío- Stéfano… Stéfano es bastante especial (Pablo la miraba expectante de alguna respuesta más) O sea, quiero decir que… es bastante rebelde.
Pablo- Sí, eso no es noticia. Creo que si no se lo mencioné yo, Aidé se lo dijo.
Rocío- Sí. Sí, lo hicieron, pero nunca pensé que era para tanto. Le soy sincera… Escuchando todas las reglas, y usted medio ogro, ¿vio? (Pablo levantó las cejas) (boquiabierta) ¡No! No es que usted es… si no que, como que se hace (Pablo frunció el ceño, cruzando los brazos) (negando, algo nerviosa) No, tampoco se hace… Olvídese de la parte del ogro. Ni piense en
Pablo- Mire, emmh, lo que quiero saber es si pudo hablar, si se conocieron, si cambió de opinión, si está tranquilo. ALGO relevante
Rocío- ¡Ahhhh! ¿Eso quería saber? (Pablo asintió obvio) No, nada. Cero. (Pablo puso cara de nada) Pero, va a mejorar. Lo prometo. Ahora voy a buscar la carpeta, por lo menos para ver qué onda
Pablo- Bueno, igual no hacen falta las promesas… Es su trabajo. Solo hágalo (reingresó a su despacho)
Rocío quedó boquiabierta por un momento; miró hacia ambos lados, y luego se adentró en el pasillo para buscar la mochila de Stéfano, que había dejado en su cuarto.
En ese preciso instante, Victorio regresó e ingresó al despacho.
Victorio- (entrando) Perdón, Pablito
Pablo- ¿Te arrepentiste?
Victorio- No. No, no creas que volví por vos, solo que me olvidé el portafolios.
Pablo- Ah, como para encargarte un caso heavy sos
Victorio- Mirá, es toda culpa tuya
Pablo- Ah, bueno ¿Mía? Lo único que falta es que me hagas cargo de tus irresponsabilidades
Victorio- Pero es que sí, Pablo. Vos contrataste semejante bombón, con vos me tengo que quejar
Pablo- (mantuvo la mirada sobre él un momento, y luego volvió a concentrarse en sus papeleríos) Entonces, eso arreglalo con Aidé
Victorio- Sí, claro (tomando el portafolio de sobre el modular) Lavate las manos. No me extrañes, que mañana nos vemos
Pablo- ¿Vas a venir a almorzar?
Victorio- Digamos que… a cenar. Y no yo… VOS vas a venir conmigo
Pablo- (levantando la mirada) ¿Eh? (Victorio asentía) (dejando la lapicera y afirmándose en el respaldar de su sillón) Uh, Vico, no… Nono, te dije que no quería saber nada con eso
Victorio- Pero, Pablo
Pablo- No, pero nada. No quiero salir, no tengo ánimo. Entendelo.
Victorio- (retrocediendo hacia la puerta, señalándolo con le índice) Pensalo, y
Pablo- No, es que
Victorio- Nada, vos pensalo… Pensalo de nuevo, y de nuevo… y de nuevo, y así hasta que me digas que sí (abriendo la puerta, saliendo) Mañana (cerró la puerta)
Pablo quedó mirando la puerta, con un ‘no’ en su cavidad bucal. Hacía tres años que no salía, que no se divertía. Tres años que no pensaba en si mismo, y planeaba seguir ese rumbo, sin variaciones. Pero había alguien que no lo dejaba en paz; alguien que le impedía dejar esa idea de lado; alguien que le imponía despejarse, pensar en él mismo por, aunque sea, una noche: Victorio. Pensar en eso, solo le traía dolor de cabeza.
-
Rocío volvía por el pasillo, con la mochila de Stéfano en la mano, y en la otra el celular hablando con su amiga.
- ¿Y a qué hora te vas?
María- Ennnn diez minutos
- Ah, ¡pero ya!
María- ¡Sí! Ay, estoy súper nerviosa
- Na, ¿vos nerviosa?
María- Es que no se lo que me va a decir. Mirá si me dice que-que no quiere volver más, ¿qué hago?
- Ay, Mery, pero para qué le pediste un tiempo, si vas a estar así de histérica
María- No, no se. Pero yo le pedí el tiempo, ¿Por qué él me invita? ¿Por qué me llama?
- A ver, Mery, me parece que estás muy poquito MUY paranoica
María- Pero no quiero que me vea la cara, Ro. Mirá sino va; si me deja plantada…
- Entonces no vayas, Mer
María- ¡Pero quiero ir!
- ¡Y andá entonces!
María- No ayudas mucho que digamos
- Mery, escuchame. (Exhaló) Ponete diosa, andá tranquila, sentate y esperalo. Quién te dice, si no va, tal vez sea el día perfecto para encontrar alguien nuevo, para iniciar una nueva vida… Quién te dice, valga la pena, ¿no?
María- Ay, sí ¿Ves que cuando querés aportás cosas útiles? (ambas rieron) Sos una genia
- Lo se
María- Ah, bueno. La humildad ante todo, ¿no? (Rocío rió) Te dejó, amiga. Y gracias
- Cuando quieras ¡Suerte, suerte!
María- La voy a necesitar. Beso grande
Rocío finalizó la comunicación y dejó su mirada fija sobre el celular, se mordió el labio inferior y negó con una sonrisa; después de todo, siempre era lo mismo con ella: ambas eran inseguras, pero María le ganaba a la hora de tomar una decisión. Siempre había que darle un empujoncito, y mostrarle el lado bueno de todas las posibilidades.
meee re gusto! Rochi tan buenaa y paciente con yeyo, y el nada que ver! me mato lo del ogroo! jajajajjaaj uuh, eso de que las dos sean inseguras no me gusta! un besoo grandee quieroo mas! :)ceci
ResponderEliminarMe gustoooooooooo muxoo!!!!
ResponderEliminarMuy linda Ro connn stefano <3
ResponderEliminarQUIERO MUCHHAAA MAS NOVEEEEEEEEEEEEEE
ResponderEliminarjajajajaja rochi le dijo OGRO jajajajaja pero en realidad es asi pero pablito es un ogro bieeeen lindo jajaja XDXDXD
ResponderEliminarESPERO MAS
TaBy
Q pasoo con la noveee T.T
ResponderEliminarQuiero mas :S
estoy ansiosa por conocer la continuación de la historia sube las mas seguido... saludos desde colombia
ResponderEliminarya entendí lo de Colombia xD
ResponderEliminarhahahaha Yo también quiero más nove :P
hahahaha Te adorooo feeea :)