El viernes por la mañana, Teresa entró a la habitación de Stéfano lo más cuidadosamente posible en busca de ropa para poner a lavar, procurándose no hacer ningún ruido para no despertar ni al muchacho ni, por supuesto, a la mascota. Apenas un halo de luz pasaba por la puerta entreabierta y pocos minutos tardó en entrar y salir que fueron suficientes para que el pequeño animal salga enérgico a correr por el pasillo, sin que ella lo note, y… otra puerta más apenas abierta. Parecía haber razonado que no estuvo ahí antes, por lo que se aventuró a entrar, presuroso. Con gran ingenio, e inexplicablemente imposible de relatar, el cachorro pudo subirse sobre la cama de dos plazas con la que se topó, y se echó a dormir sobre la almohada que estaba libre del lado de la cabecera.
Un rato más tarde, Stéfano se levantó para ir al baño, y al regresar a su cama buscó a Ron entre sus sábanas. Ni un solo rastro. Alarmado, buscó debajo de la cama, en el mismo baño de dónde había salido hace unos momentos… Nada. Se tomó la cabeza viendo que faltaban quince minutos para las seis de la mañana en su reloj y no le quedaba mucho tiempo para hallarlo hasta que Pablo despierte, por lo que corrió y entró en la habitación de Rocío sin golpear para sacudirla y despertarla.
Rocío- ¡Ay, ay, ay!
Stéfano- ¡¡Rochi, levantate!! (le quitó las frazadas de encima y encendió la luz)
Rocío- ¡¡Ay, pero qué te pasa!! (tomando las frazadas de nuevo) Está fresco a esta hora, nene.
Stéfano- (tomándose la cabeza, exhalando) A ver si me escuchas… Ron, ¿te acordás? Mi perro… No está en mi cuarto.
Rocío- ¿Otra vez? ¡¡Ay, Stéfano!! (levantándose envuelta en una frazada) ¿¡Por qué no lo cuidas!?
Stéfano- ¡Pero no sé qué pasó! ¡Me levanté y no estaba, no lo estoy perdiendo de vista a propósito!
Rocío- Ok, no me hables así. Bajamos y lo buscamos, ¿sí? (Stéfano asintió y bajaron) Vos anda a la cocina, yo lo busco en el lavadero y… y en el despacho de tu hermano, que espero que no esté ahí… No me imagino que desastre puede ocasionar con los papeles de Pablo.
Cuando el sol, como cada mañana, se hizo presente a través de las cortinas, el despertador de Pablo sonó despertándolo, y girando su cabeza hacia un lado para ver la hora, estiró la mano para desactivar el taladrante timbre, que era aún peor pues había amanecido con dolor de cabeza. Exhaló y pasó ambas manos por su cara para girar su cabeza hacia el lado opuesto de la mesita de luz encontrándose con una nariz fría y una lengua húmeda que comenzó a lamer su rostro con el mínimo interés de detenerse. Se sentó de repente y un solo nombre resonó por toda la casa: Stéfano.
El mismo estaba en la cocina con Aidé y Francisco cuando lo escuchó, frunció los ojos y luego miró al resto solo con uno, mostrando sus dientes. Se imaginaba lo peor.
Rocío estaba en el despacho, había cerrado la puerta por lo que le fue imposible escuchar algo. Tras fracasar en su búsqueda, salió del despacho cerrando la puerta despacio. Iba a subir por las escaleras para ver si hallaba al canino allí, pero al inicio de ésta, Pablo estaba con su peor cara sujetando al perro por el cuello, (no ahorcándolo, si no agarrándolo del cuero). Comenzó a bajar lentamente, y del mismo modo, Rocío retrocedía mostrando sus dientes, esperándose lo peor. Stéfano apareció corriendo de la cocina y se frenó al verlo ya al pie de la escalera y con Ron en su mano.
Stéfano- (desafiándolo) ¡No lo agarres así, animal!
Pablo- (serio) Da un solo paso, y este tema no tiene principio (Stéfano exhaló mirándolo con odio). ¿Qué es esto?
Rocío- Un perro (Pablo enarcó una ceja) ¿Qué? Es un perro.
Pablo- (ácido, sin levantar el tono en ningún momento) Muy bien… ¿y qué hace en esta casa?
Rocío- Emmh, bueno, Ron estaba-
Pablo- ¿Quién es Ron?
Rocío- El perrito.
Pablo permaneció mirándola furioso y con la mano libre señalo el despacho.
Pablo- Ahora (se dirigió hacia él entregándole el perro a Stéfano).
Stéfano- (tomándola del brazo) Rochi, por favor, no dejes que me lo quite (Rocío lo miró triste). Es lo más cercano al amor que tengo desde hace mucho tiempo.
Rocío- (soltándose) ¡Ay, no me mires así! Voy a ver qué puedo hacer, pero no te prometo nada. Disfrutalo por ahora. (Entró al despacho sin levantar la vista, y permaneció con la vista en la puerta antes de voltear. Se armó de valor y giró para verlo, encontrándolo como no podía ser de otra manera, con los brazos cruzados) Antes de que me diga nada, sabe que es poco serio que me hable en pijama, ¿no?
Pablo- (cerró los ojos y exhaló, mirándola fijo) ¿Fue suya la idea?
Rocío- ¿Del… perro?
Pablo- ¿De qué estábamos hablando?
Rocío- Yo de su pijama, usted no sé (Pablo no se inmutó) ¡Ay, no me mire así! Me siento culpable.
Pablo- (levantando las cejas, sarcástico) ¿Culpable? Ah, ¿usted sabe lo que es eso?
Rocío- (dejándose llevar) No, y por lo que sé su familia tampoco.
Pablo- ¿Perdón? ¿Qué quiere decir con eso?
Rocío- (negando) Nada… Es mi responsabilidad que el perro esté acá. Lo vi en la calle, estaba mal y lo traje hasta que se recupere, nada más.
Pablo- ¿Esto tiene fachada de hospital veterinario o algo de eso?
Rocío- ¡No sea así! Es un perro, ¡no le hizo nada a usted! ¿Tan insensible puede ser?
Pablo- (tragó grueso sin quitar su expresión de enojo) ¿Ya se recuperó? No me puede decir que no porque tiene la suficiente vitalidad como para subirse a mi cama.
Rocío- Sí, ya está bien.
Pablo- Muy bien… Qué Stéfano se despida del animal. Yo me voy a encargar de encontrarle un hogar.
Rocío- Mi intención no era que usted se entere de-
Pablo- No, veo, lo veo muy claramente. Lo escondieron muy bien, pero fueron poco inteligentes al no darse cuenta de que el animal no iba a estar quieto mucho tiempo.
Rocío- Stéfano lo quiere mucho… al perro. ¿No puede…?
Pablo- (frío, cortante) ¿Quedárselo? No. El perro se va hoy (Rocío permaneció cabizbaja) ¿Está claro? (sin obtener respuesta) Repito, ¿está claro? (Rocío exhaló y asintió mirándolo). Perfecto, la invito a que se retire (Rocío volteó para irse) (sentándose en el sillón, tomando una birome) Ah, y… está de más mencionar que no quiero que se repita, con ningún perro que vea, ¿no?
Rocío- (habiendo frenado, sin voltear) No se preocupe, ya sé que en esta casa mantener viva la alegría es imposible (salió dando un portazo).
Pablo se quedó mirando la puerta y negó; se refregó la frente y fue hacia la puerta para ir a la cocina.
Stéfano estaba esperando ansioso en la sala, sentado en el sofá con el cuadrúpedo sobre su regazo, junto a Aidé y Teresa, cuando todos desviaron la vista de inmediato al escuchar la puerta.
Stéfano- (poniéndose de pie) ¿Y, qué pasó? ¿Lo convenciste? (Rocío bajó la mirada, caminó hacia él y se sentaron, él de espalda y ella de vista al despacho; guardando silencio, acarició al cachorro detrás de las orejas) (con la mirada apagada) No pudiste, ¿no?
Rocío- (lo miró negando) Perdoname, pero no pude. Se enojó mucho y- (Pablo abrió la puerta y observó).
Stéfano- Es una basura.
Rocío- No, Stéfano, no digas eso. No deja de ser tu-
Stéfano- (parándose bruscamente) ¿Lo salís a defender?
Rocío- No, no lo defiendo, pero vos sabés que estamos en desventaja. Nosotros estuvimos mal porque-
Stéfano- Le salvamos la vida a un perro… Yo no te entiendo, ¿cuántas caras tenés vos?
Rocío- ¿Por qué me decís eso?
Stéfano- (negando, con los ojos húmedos; a Aidé) Que nadie me moleste, quiero estar solo con mi perro (tomó al cachorro en manos y volteó para dirigirse a las escaleras encontrando su mirada con la de Pablo) ¿Y vos que miras? ¿Estás esperando que te agradezca o que te mate? Infeliz (subió las escaleras a gran velocidad).
Pablo- (mostrando su coraza, sin inmutarse) Teresa, por favor, tráiganme un vaso con agua y un par de aspirinas… y un café (entró).
Rocío subió hacia su cuarto, se vistió y fue a ver a Stéfano, golpeó su puerta pero no obtuvo respuesta. Bajó el picaporte y entró: él estaba arrodillado en el piso alfombrado con el animal, jugando con sus patas.
Stéfano- (sin mirarla) Dije que no quería que nadie me moleste.
Rocío- Te escuché, pero yo sigo trabajando y me ocupo de que estés bien.
Stéfano- No estás haciendo muy bien tu trabajo.
Rocío- Tenés que ir al colegio, Stéfano.
Stéfano- Perdes tu tiempo, no voy a ir.
Rocío- No te estoy preguntando. De las tantas caras que decís que tengo, esta es una. Vestite, yo te espero abajo… y sin el perro.
Stéfano dejó que un par de lágrimas escapen a sus ojos, quebrándose finalmente y abrazando a Ron con fuerza. Se sentía incomprendido y maltratado; preso a vivir en una tiranía que solo existía en su cabeza. El cachorro, escuchando sus sollozos, y salió de entre sus brazos y se abalanzó a llenar su cara de lamidas… de besos.
Al mediodía, Victorio y Pablo almorzaban juntos en el bar que estaba en la esquina de la calle de la empresa.
Victorio- ¿Qué te pasa a vos que tenés esa cara, eh?
Pablo- Nada, estoy… estoy tan molesto y-
Victorio- ¿Molesto con? ¿Qué hizo Stéfano esta vez?
Pablo- Tiene un perro.
Victorio- (sonriendo de lado) ¿Un perro? Qué bueno, che. Lo va a ayudar eso a ablandarlo un poco, o que sea más sociable con la gente que no es de su edad, ¿no?
Pablo- ¿Vos creés?
Victorio- Sí, obvio. Está buenísimo… ¿Cómo se llama?
Pablo- Emmh… (por lo bajo, refregando su frente) ¿Cómo me dijo que se llama? (A Victorio) Ron, o algo de eso.
Victorio- Tss… cómo no le gusta el chupi a Stéfano (Pablo lo miró mal) Está bien, me zarpé.
Pablo- Igual, le dije que el animal no iba a estar en casa. Hoy me lo voy a llevar a un refugio, o algo de eso.
Victorio- ¿Qué, por qué?
Pablo- Lo tuvieron escondido no sé por cuánto tiempo. Un perro no está solo para hacerle caricias y que mueva la cola. Hay que alimentarlo, darle la atención que corresponde, dedicarle tiempo… y Stéfano no es lo suficientemente-
Victorio- ¿Capaz? (Pablo bajó la mirada exhalando) Pablo, si vos no le das un poco de cancha, no va a correr nunca con la pelota… Dale la oportunidad de que sea responsable. Vos sabés que yo te banco a morir, no me gusta que te falte el respeto y que viva ahí tirándote odio, creo que esta es una buena oportunidad para que afloje.
Pablo- Me dijo lo suficiente con muy poco esta mañana para darme cuenta que sigue igual, que no va a cambiar.
Victorio- No puede pensar en cambiar si le acababan de decir que le iban a sacar algo que lo aislaba de la monotonía de la forma más sana, que lo sacaba de la rutina… Yo no te voy a decir lo que tenés que hacer, nunca lo hice, nunca te hizo falta, pero yo lo pensaría otra vez y otra vez, por ahí… no sé, por ahí no es tan mala idea.
Pablo- (refregándose el cuello, respiró profundo) Puede ser… Siento que las cosas me están superando.
Victorio- No te maltrates tanto, hermano. ¿Por qué no te tomas vacaciones? Desde que murieron tus viejos estás acá sin parar. No hay cuerpo que aguante, viejo.
Pablo- No, es que no… no es el trabajo lo que me pesa. Me siento… me siento más solo que antes.
Victorio- ¿Por qué solo? Vos sabés que conmigo-
Pablo- Sí, Vico, sí. Vos sos lo más fiel que tengo, sos una de mis bases, pero no alcanza. Necesito a mis viejos, que me ayuden, que me hablen… que me guíen, algo. Siento como si me hubieran soltado por completo.
Victorio- Hagamos una cosa, vamos al teatro mañana. Hay una obra muy buena, es de comedia y me la recomendaron mucho… Acompañame.
Pablo- No, Vico, te agradezco en serio. Yo sé que querés ir con tu novia.
Victorio- Escuchame, Pablo, estoy casi todos los días con Mery, salgo a todos lados con ella. Un día que no salgamos… Dale, macho.
Pablo- ¿Mañana? (Victorio asintió sonriente) Emmh… No, no, mañana no puedo. Tengo una cena a la noche muy importante, ¿te acordás, en el puerto?
Victorio- Ah, sí… me dijiste que vaya con Mery y te dije que no.
Pablo- (sonriendo, asintió) Esa misma. Tengo que ir, es una junta de grandes inversores y… tengo que estar.
Victorio- Emmh… ¿Querés que vaya? Te hago la pata y me la banco.
Pablo- No, jamás te pediría tal sacrificio.
Victorio- No, en serio bobo.
Pablo- Está bien, Vic, no hace falta… Lo voy a tener en cuenta para la próxima.
Victorio- Ok, me parece… Che, ¿y vas a ir solo?
Pablo- (asintiendo) Sí… Pensaba que Pau me iba a poder acompañar pero no lo pude ni mencionar… No me atiende las llamadas al celular, a la casa. No sé qué le pasa, desapareció.
Victorio- Y de la vergüenza (Pablo frunció el ceño sin entender)… Y sí, la mina es flor de… boba. Se quedó dormida en la mejor parte.
Pablo- ¿Vos también con eso? Aidé ya me lo dijo, y… como si a mí me importara lo que pasó, yo ni me acordaba ya.
Victorio- Un caballero no tiene memoria.
Pablo- Me lo tomé muy al pie de la letra porque, de verdad, no me acordaba…
Victorio- ¿Y Leti, tu secretaria, no quiere?
Pablo- No, fue a la primera que le dije para que me arregle reuniones y eso, pero no puede porque tiene que ir regulando sus actividades por el embarazo.
Victorio- Claro…
Pablo- No es la primera vez que voy solo, pero bueno, tengo a mi…
Victorio- No… via.
Pablo- Novia, sí, y ya que la tengo…
Victorio- Que sirva para algo, ¿no? (Ambos rieron).
Pablo- No, yo no digo eso.
Victorio- Lo digo yo…
Poco antes de la tarde, Pablo llegó a su casa y fue directo al despacho, encontrándose, para su sorpresa, con Rocío con el perro en brazos allí dentro.
Pablo- ¿Qué hace acá?
Rocío- Lo esperaba para entregarle el perro…
Pablo- (despeinando su pelo, caminando hasta su escritorio a paso ligero y sentándose) ¿Stéfano?
Rocío- No llegó aún, no sé dónde está.
Pablo- ¿Cómo que no sabe?
Rocío- No, no sé. ¿Dónde se lo dejo?
Pablo- (aturdido por cómo le respondió) ¿No tiene una cajita o algo?
Rocío- No, yo no soy la que se quiere deshacer de él, búsquela usted (colocando al perro sobre el escritorio, salió sin decir más).
Pablo se apoyó sobre el respaldo de su sillón y exhaló tan profundamente como pudo con la cabeza hacia atrás. Al bajar la mirada, se encontró con los ojos inocentes de Ron que movía la cola; apoyó sus codos sobre el escritorio y puso una mano frente al cachorro, quien acortó inmediatamente la distancia refugiándose en su palma. Pablo dibujó una pequeña sonrisa y lo tomó entre brazos para ir a sentarse al sofá frente a su escritorio.
Pablo- (teniéndolo por bajo los bracitos, mirando como el pequeño animal lo miraba) Con que vos sos Ron… Me complicas mucho la vida mirándome así, no es un juego limpio, ¿sabés?... Pero tengo que hacer lo correcto, así me odien todos de por vida (el perrito sacó su lengua y lamió su nariz) No me ayudas nada vos…
Stéfano llegó del colegio cerca de las ocho de la noche y subió directo a su cuarto sin saludar o siquiera anunciarse. Abrió la puerta y revoleó la mochila a un lado junto con la corbata que ya traía deshecha cuando una caja en forma de cilindro aguardaba sobre la cama. Se acercó con cautela y la abrió: sus ojos se iluminaron y llenaron de emoción al encontrar a Ron en su interior que agitaba su cola queriendo ser sacado de allí. Rocío lo observaba apoyada sobre su hombro en el marco de la puerta con una sonrisa.
Stéfano- No puedo creer que te dejaran conmigo.
Rocío- Me alegra verte así y no enojado (Stéfano volteó). Es tuyo legalmente, feliz cumpleaños.
Stéfano le sonrió emocionado y se acercó a abrazarla por la cintura.
Stéfano- Perdoname por decirte lo que te dije hoy…
Rocío- (negando, acariciándole la mejilla) Está bien, no importa. (Tocándole la nariz con el dedo) Esa carita me es suficiente… (Se sonrieron).
Stéfano- ¿Pero qué pasó? ¿Cómo sabes que es mi cumpleaños?... ¿Cómo lo convenciste?
Rocío- No, yo no lo convencí… (Stéfano la miró extrañado)
Rocío entró al despacho de Pablo luego de una hora y se sorprendió de no ver al animal allí, ni al perro. Bueno, está bien. No estaban ni Pablo ni el perro. Por supuesto, una sola idea se cruzó por su cabeza: “Ya se lo llevó”. Subió desesperanzada las escaleras con el afán de esperar por Stéfano en su cuarto y mientras buscar alguna palabra que lo ayude a no estar tan triste… Tal vez podrían adoptar otro perro, así le traiga problemas nuevamente, pero sería romper su corazón.
Caminaba por el pasillo cuando escuchó unos ladridos que provenían de alguna parte. Definitivamente, del último rincón del mundo pensado jamás: por la puerta entreabierta del cuarto de Stéfano, vio a Pablo con el cachorro sobre la cama, acariciándolo mientras el pequeño animal mordía su mano jugando. Rocío observaba conmovida, casi enternecida aquella escena que no pudo reaccionar para esconderse cuando Pablo levantó la mirada encontrándola.
Rocío- (desde la puerta, mostrando sus dientes) Perdone, no era mi intención estar acá, pero… pensé que Ron ya no estaba y me llamó la atención escucharlo ladrar.
Pablo- (asintiendo) Está bien… A mí también me llama la atención estar acá, pero él me trajo. Creo que, por un tiempo, se puede quedar… digo, como una prueba. (Poniéndose de pie, se acercó a Rocío entregándole el animal) Déselo a mi hermano de su parte y acompáñelo con un feliz cumpleaños.
Rocío- ¿Hoy es el cumple?
Pablo- Así es… Francisco le está preparando una torta pequeña, así que a la noche van a poder estar todos y… y está bueno que Ron (sonrió) sea parte de eso.
Rocío- ¿Y usted no?
Pablo- Me encantaría, de verdad, pero no quiero arruinar más las cosas con Stéfano, no quiero arruinar sus momentos. Es mejor dejar las cosas así… No me va a amar, pero prefiero que me odie como ayer, y no como hoy a la mañana. Permiso (salió)
Rocío- (acariciando al cachorro, salió por detrás) Pablo (él volteó), le quería decir que… no creo que sea tan insensible (él sonrió), y que es un muy lindo gesto de su parte. Me sorprende, y me gusta (Pablo enarcó una ceja levemente). El gesto… me gusta el gesto.
Pablo- (asintiendo) Se lo agradezco. (Tras dar unos pasos entró en su habitación).
Rocío- Y así fue.
Stéfano- O sea que…
Rocío- Que… es un regalo de tu hermano.
Stéfano- (sonrió) ¿En serio? (Rocío asintió sonriente) Lo único que falta es que se cuelgue de los regalos ajenos.
Rocío- ¿Eh?
Stéfano- Este perro me lo regalaste vos, y de ninguna manera va a ser de él.
Rocío- Pero te permitió que te quedes con-
Stéfano- Porque no puede más con su vida, se odia él mismo, lo odio yo… Creo que vos también, aunque a veces me hacés dudar… Alguna vez se iba a sentir culpable, y bueno, Ron es la prueba.
Rocío- Estás siendo muy injusto.
Stéfano- ¿Ves? Con eso me hacés dudar.
Rocío- ¿Vos estás jugando a cuántos somos los que lo odiamos? ¿Es eso?
Stéfano- ¿Qué querés que haga? ¿Qué le vaya a agradecer?
Rocío- Sería un lindo gesto.
Stéfano- Ok, si es un lindo gesto, andá y decíselo vos. No cuentes conmigo. Yo no voy a dejar de sentir lo que siento porque el señor me autoriza a tener un perro en la que también, mala suerte de él, es mi casa. Las gracias son para vos, es el mejor regalo de cumpleaños que me dieron en años (Rocío sonrió de lado apenas)… Bueno, voy a ver qué me preparó Aidé para esta noche (sacó la lengua y tras poner al perro en el piso, salió corriendo) ¡Vamos, Ron, dale! (y el cachorro corrió tras sus pasos luego de rascarse la oreja con la pata trasera)
Rocío se quedó sin saber qué pensar, qué hacer ni decir. No era tan mala persona como para disfrutar esa enemistad entre hermanos, aunque de vez en cuando le gustaría sacar provecho de ello, sabía perfectamente que no colaboraría con su plan.
Vieron que no tengo que poner cuándo voy a subir porque no cumplo? -.-
ResponderEliminarEste tuvo pablochi, El próximo es aún más (? chan chan chan (?
Besho enormus y gran semana :)
adri muy lindo todo el capi super tierno pero ya es hora no!!! de que estos dos se pongan las pilas y se enamoren y toda la cosa....dale adri adelanta las cosas jajajja
Eliminarbesos y subi rapidito
Me enternece muchisimo el pablochi y blabla pero quiero noviasgo, casamiento, y eso, cap 41 y el ni enamorado de ella está :(, porrrr fa mas mas mas mas mas , sos una gran escritora aunque no los juntes rapido ¬¬, Besos Adri.
ResponderEliminarnonnonono me encantooo!! pero necesito q pablo la invite lo espero cn ancias! jajaja Creo q en el proximo cap talvez se me cumple ese deseo =P Suertt
ResponderEliminarme encanto pablochi!!!!! y si mejor q desaparesca pauline!! espero el proximo besos!!!!
ResponderEliminarme encanto , pablo tan akjhbswue con el perrito todo lindo ...
ResponderEliminary rochi... no se como se diria pero me gusto que le hablase asi a pablo bien jejeje
me encanto todo , espero lo proximo capi
BELLO PABLOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!! <3 un amor!! :)
ResponderEliminarlo de animal me hizo reir muchisimo ajajajjaja muy tierno el cap!! el próximo me parece que me gustara mas =D
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