En su cuarto, Stéfano yacía recostado sobre la cama, la fiebre ya le había bajado y estaba más calmado. Rocío limpiaba los puntos de la operación con cuidado de no lastimarlo; no era nada grave, por suerte.
Rocío- ¿Cómo te sentís? (tocando su frente) ¿Mejor?
Stéfano- (algo agitado aún) Sí, gracias.
Rocío- (sonriéndole) No me tenés que agradecer.
Stéfano- No, es verdad… Estás para eso, ¿no? (Rocío enarcó una ceja sin entender). No, no te lo digo mal… Sólo que por un segundo me hice la idea de que… no sé, por ahí alguien hacía algo por mí porque… le importaba, nada más.
Rocío- (negando, volviendo a su abdomen) A todos en esta casa les importas, y por supuesto que a mí también… No entiendo por qué lo decís… Te lastimás.
Stéfano- No, no. Lo digo porque lo sé, lo siento así.
Rocío- Vos lo decís por Pablo, pero aunque no quieras y yo no me tenga que meter, te informo que estuvo muy mal este tiempo, pero muy mal… Prácticamente vivía en la clínica.
Stéfano- ¿Y? (sin interés) Eso no reemplaza ni compensa todo lo que me hizo… (Rocío lo miró pero desvió la mirada) Hace las cosas por responsabilidad, no porque le interesa. Yo sé que soy una carga para él.
Rocío- Tampoco digas esas cosas… Lo hizo porque le importás, Stéfano. Si no fuera así, él podría haber seguido con su vida, con… su empresa… y… y su novia lo más… tran-quilo.
Stéfano- Te jode eso, ¿no?
Rocío- (sin prestarle demasiada atención) ¿Qué cosa?
Stéfano- Eso… que te corta las venas que él ande con esa mina.
Rocío- (mirándolo asombrada, dejando escapar una risita) ¿Qué decís? (llevando la mano a su frente) ¿Te volvió la fiebre a vos?
Stéfano- (corriéndole la mano) Hablo en serio, Rochi.
Rocío- Ay, Stéfano… Estás diciendo cualquier cosa. A mí no me pasa ni me tiene que pasar nada con tu hermano.
Stéfano- ¿No te tiene? ¿Por qué?
Rocío- (boquiabierta) Emmh… Porque somos muy diferentes, Stéfano. Y la verdad no es mi tipo… Cortala con el tema porque me voy y te dejo con esto sin vendar.
Stéfano- (mirándola de reojo, asintiendo) Está bien, finjamos que te creo. (Rocío lo miró seria) A fin de cuentas, es lo mismo para vos que para mí… El amor no correspondido.
Rocío- Cortala, Stéfano. Hablo en serio.
Stéfano- Está bien, perdón… Me fui al pasto… Me olvidaba que tenés novio y eso.
Rocío- (exhalando, concentrándose en los puntos) Sí, claro… novio.
Stéfano- ¿Por qué decís así?
Rocío- ¿Así cómo?
Stéfano- Así… como si no existiera o… o te daría lo mismo que estén o no juntos. ¿No lo amas?
Rocío- (riendo) ¡Ay, Stéfano, mirá lo que decís!
Stéfano- Hablo en serio… Que te sirva de consuelo, Pablo tampoco la ama a esta chica.
Rocío- ¿Cómo estás tan seguro?
Stéfano- Pablo es incapaz de amar.
Rocío- Ay, Stéfano, por favor, no digas-
Stéfano- Es en serio. ¿Me vas a decir que no te das cuenta? Lo mirás y… (Mirando al frente, con los ojos comenzando a empañarse) y es hielo… puro. Te dan ganas de romperle la cara y decirle “decime algo, flaco”, “dame una explicación, ¡hablá, no seas cagón!”. (Mirando a Rocío como si regresara a la realidad) Perdoname que lo haya dicho así…
Rocío- No, está bien, no te preocupes (colocando ahora gasas nuevas sobre los puntos)
Stéfano- Vos siempre me preguntaste qué pasaba entre él y yo…
Rocío- Ah, sí… (Intentando salir del paso) Sí, pero… de chusma nada más, ¿viste como soy yo?
Stéfano- (algo decepcionado) Ah, sí… (Rocío lo miró de reojo sin darle pie)… ¿Te molesta si… si te cuento?