febrero 10, 2012

'Hasta que te duela' - Capítulo 43

Prácticamente no cruzaron palabras ni miradas durante el viaje. Ella estaba nerviosa y miraba por la ventanilla hacia afuera. Él conducía con su atención al frente, tal vez porque se sentía vulnerable y si la mirara, tan solo si la mirara podría… No, tenía que conducir. Por dentro, ambos se arrepentían de estar donde estaban, de cómo se dieron las cosas tan atropelladamente… pero ya “estaban en el baile, había que bailar”.
Pablo- (estacionando y parando el auto) Bueno, llegamos… (Mirándola) ¿Estás lista?
Rocío- (revoleando los ojos para todos lados, mirándolo finalmente, de lado) Digamos…
Pablo- (sonriendo de lado) Todo va a salir bien, tranquila.
Rocío- (mirándolo de frente) ¿Por qué me tutea?
Pablo- No sé, me salió tutearte… pero si le molesta, puedo-
Rocío- No, no me molesta (Pablo sonrió sin mostrar sus dientes) ¿Es acá en el estacionamiento la cena?
Pablo- (rió apenas) No… (bajándose, dio la vuelta por detrás del auto y le abrió la puerta)
Rocío- No hacía falta, estaba agarrando mis cosas.
Pablo- (extendiendo su mano) Sí, hace falta.
Rocío- (tomando su mano) Gracias… (bajándose) ¿Hay muchos viejos acá?
Pablo- ¿Viejos? (arqueando el brazo, la miró).
Rocío- ¿Qué? ¿Usted quiere que yo lo agarre?
Pablo- ¿Vas a ir caminando así? No está Pauline para gritar si me agarras el brazo…
Rocío- (tomándolo del mismo) No, es que no sabemos si está todavía, (Pablo la miró) vaya a saber uno… (Sonriéndole) Perdón.
Pablo- Yo espero que esté bien, pero no me va a querer ver la cara mañana (Rocío asintió) En fin… Hay gente grande, no sé si viejos.
Rocío- Ah, sí, mi pregunta… ¿Y en carácter de qué vengo yo acá?
Pablo- En carácter de… No sé, ¿qué querés ser?
Rocío- Usted tiene novia…

febrero 05, 2012

'Hasta que te duela' - Capítulo 42

El sábado al mediodía, Victorio contaba con el resto del día libre por lo que invitó a María a que salieran a comer afuera, pasar la tarde al aire libre; tanto ambiente de empresa le consumía las energías. 
Entraron a un restauran en el barrio de Palermo.
Victorio- La próxima nos vamos a una parrilla, te aviso.
María- (sentándose, con cara de asco) ¡Ay, no, por favor!
Victorio- ¿Por qué? (sentándose) No pongas esa cara como si fueras a vomitar, es comida.
María- (haciendo puchero) Sí, ya sé… pero bueno, si vamos, yo me llevo a una ensalada (Victorio frunciendo el ceño, sonriendo) ¿Qué? Yo no voy a comer esas cosas grasosas, gordo… Aparte, no sabés si se lavan las manos, si limpian la parrilla, si esa carne no cortó la cadena de frío, no sabés nada.
Victorio- ¿Cuándo te volviste tan quisquillosa?
María- No, no soy quisquillosa, yo como cualquier cosa… Menos eso, claro.
Victorio- Mery, te vas a morir de hambre vos… a menos que te armes tu propia huerta.
María- ¡Ay, por qué me decís eso!
Victorio- Porque acá tampoco sabemos si hacen todo lo que dijiste.
María- Ay, pero esto es Palermo, Vico.
Victorio- No tiene nada que ver, pero bueno, te llevo a comer un choripan por acá, qué tanto…
María- (lanzó una risita al aire) Irás solo.
Victorio- Como quieras, pero, pará… Vamos ahora.
María- (asombrada) ¿Qué? Na, estás loco.
Victorio- (entusiasmado) Dale, Mery, (poniéndose de pie, estirando su mano) ¡vamos!
María- Vico, sentate, ya estamos acá.
Victorio- Ay, Mery, queda acá nomás lo que yo te digo.
María- No, Vico.
Victorio- Bueno, te quedarás sola (sonrió). Que coma rico, mi lady (retirándose con las manos en los bolsillos del pantalón)
María- (seria, sin inmutarse) Victorio… ¡Vico! (golpeando la servilleta sobre la mesa, levantándose, entre dientes) ¡Ay, no lo puedo creer! (aceleró sus pasos para acercarse a él y enlazar su brazo con el suyo; él la miró sonriente) ¡Vico, esperame! (saliendo del restaurante, golpeó a Victorio con la carterita (léase: sobre) que llevaba en mano) ¿Cómo me vas a dejar sola?
Victorio- (fingiendo inocencia) No querías venir, no te puedo obligar.
María- Ay, claro, pobrecito.
Victorio mostró una gran sonrisa y, mientras caminaban por la vereda, rodeó a María con sus brazos por encima de los de ella, como si la sujetara para que no se escape; ella forcejeaba para soltarse riéndose y gritando; él besaba su cuello y su mejilla como podía ante sus movimientos, y cada tanto la hacía girar levantándola por la cintura.

febrero 02, 2012

'Hasta que te duela' - Capítulo 41

El viernes por la mañana, Teresa entró a la habitación de Stéfano lo más cuidadosamente posible en busca de ropa para poner a lavar, procurándose no hacer ningún ruido para no despertar ni al muchacho ni, por supuesto, a la mascota. Apenas un halo de luz pasaba por la puerta entreabierta y pocos minutos tardó en entrar y salir que fueron suficientes para que el pequeño animal salga enérgico a correr por el pasillo, sin que ella lo note, y… otra puerta más apenas abierta. Parecía haber razonado que no estuvo ahí antes, por lo que se aventuró a entrar, presuroso. Con gran ingenio, e inexplicablemente imposible de relatar, el cachorro pudo subirse sobre la cama de dos plazas con la que se topó, y se echó a dormir sobre la almohada que estaba libre del lado de la cabecera.
Un rato más tarde, Stéfano se levantó para ir al baño, y al regresar a su cama buscó a Ron entre sus sábanas. Ni un solo rastro. Alarmado, buscó debajo de la cama, en el mismo baño de dónde había salido hace unos momentos… Nada. Se tomó la cabeza viendo que faltaban quince minutos para las seis de la mañana en su reloj y no le quedaba mucho tiempo para hallarlo hasta que Pablo despierte, por lo que corrió y entró en la habitación de Rocío sin golpear para sacudirla y despertarla.
Rocío- ¡Ay, ay, ay!
Stéfano- ¡¡Rochi, levantate!! (le quitó las frazadas de encima y encendió la luz)