Las cortinas se corrieron bruscamente dejando al sol pasar de manera casi violenta, encegueciéndola, y una voz no muy cálida la invitaba a despertarse.
Pauline se despertó y sintió su cabeza como si un tornado la hubiera arrastrado de los pelos, pero no, tan solo fue el champagne que tomó la noche anterior.
Pauline- (cubriéndose la vista) ¿Qué hora es, dónde estoy?
-Son casi las 10 de la mañana, y esta no es su casa.
Pauline comenzó a ver más nítida la imagen frente y se sobresaltó, cubriéndose con las sábanas.
Pauline- ¡Aidé! Pero… ¿qué hace acá?
Aidé- No es la pregunta indicada, por el contrario, yo debería hacerla… Pero Pablo me pidió que la despierte y cumplo con mi deber.
Pauline- ¿Pablo?
Aidé- Pablo… Martínez. Está es su casa, este es su cuarto… y ésta es su cama.
Pauline- (boquiabierta) ¿Q-qué, cómo? ¿Pablo y yo…?
Aidé- ¡Ya hubiera querido usted! Pero no, afortunadamente. (Acercándose a la puerta) Y le recomiendo que para situaciones futuras… similares, no le pregunte al personal doméstico sus actividades nocturnas. Tiene un vaso de agua y dos aspirinas; y café en la mesa de luz… (Sonriendo irónica) Después puede irse. (borró su sonrisa, y salió cerrando la puerta tras ella)
Pauline- (mordiéndose el labio inferior, tomándose la frente mirando alrededor) ¿Me quedé dormida? (tirándose sobre la cama, tapándose la cara con la almohada) ¡¡No puedo ser más estúpida!!