Rocío se levantó alrededor de las diez de la mañana, aún con el sueño sin satisfacer. Se duchó rápido y tras vestirse, bajó para picar algo. Entró en la cocina y encontró a Francisco picando hortalizas de distintos colores que no vienen al caso.
Rocío- ¡Buen día!
Francisco- (volteando a verla) Serán muy buenos, jovencita, si tiene esa sonrisa…
Rocío- (rió) Fran, ¿hay café suave? Para batirlo…
Francisco- Sí, sí… está ahí, en la segunda puerta de la alacena. (Rocío fue a buscarlo) Qué casualidad… Hoy el joven Pablo preguntó lo mismo y tomó un café batido bien espumoso.
Rocío- (mirándolo de repente aún con la mano extendida y el frasco de café en mano) ¿Ah, sí? (Francisco asintió) (dejando el frasco en el lugar) Mejor me tomo unos mates.
Francisco- Pero ¿por qué? Si querés te lo bato.
Rocío- No, no, no te preocupes, vos seguí con tus cosas.
Mientras Rocío preparaba el mate sentada sobre la banqueta al lado de la isla, Aidé ingresó a comentarle algo a Francisco y fue cuando Rocío aclaró su garganta para hacerse notar. Aidé volteó a verla y le sonrió.
Aidé- ¡Buen día, Srita. Iturralde!
Rocío- (molesta) ¡Aidé cuántas veces te tengo que decir que me llamo Rocío!
Aidé- Ay, ¡pero qué carácter! Disculpame, seguís siendo vos, no sé por qué te molesta tanto
Rocío- (exhalando, refregándose la frente) No importa, perdoname… perdoname, me pasé. (Cambiando la actitud) Ahora, vos también te pasaste… ¿Me podés explicar que fue lo de anoche?
Aidé- (Sonrió asintiendo) Ah, sí… ¿Cómo te fue anoche?
Rocío- ¿Vos me estás cargando? ¿Qué fue todo eso que armaste? Porque no me vengas con el verso de que el vestido era de tu ahijada.
Aidé- Sobrina.
Rocío- ¡Lo que sea! A mí no me causó ninguna gracia.
Aidé- Pero no dijiste que no, picarona.
Rocío- ¿Vos pensaste que yo estoy jodiendo? Respondeme por qué lo hiciste.
Aidé- (mirándola extrañada) Porque quería… quería comprobar algo, pero bueno… Igual, te digo, no me arrepiento de haberlo hecho así te enojes.
Rocío- ¿Comprobar, que soy tu ratita de laboratorio o qué? ¿Qué querías comprobar?
Aidé- No, nada de eso… Pero discúlpeme, señorita Rocío, que no volverá a ocurrir que pase un mal momento por mi causa…
Rocío- (intentando interrumpirla) No, Aidé…
Aidé- El joven Stéfano aún no se levanta. Permiso (salió).
Rocío- (atónita) ¡Aidé! (tomándose la cabeza y sacudiéndose el pelo).
Francisco- (mirándola) Rochi… No te preocupes, ya se le va a pasar, debe tener un mal día.
Rocío- No, Fran… Yo soy la tarada que arruino mi día y el de todos (se levantó dirigiéndose a la entrada de la cocina)
Francisco- Pero no tomaste ni un mate, nena, no podés estar sin desayunar.
Rocío- No, olvidate, ni ganas tengo… Después te veo.